• Artur Sala

Cauac, mucho más que una editorial. Un referente.

Actualizado: abr 11

Queridos lectores.


Quisiera hoy dedicar una entrada a mi editorial, Cauac. Creo que es importante que mis lectores y seguidores sepan o conozcan esta historia, que puede y tiene muchos tintes, de ser considerada una "historia de amor", en el sentido de "un flechazo".


Corría allá por el año 2011 cuando conocí la gran obra de Máximo Sandín. En aquel momento, me encontraba sumergido en mi estudio de la física escalar, electricidad longitudinal o física de punto cero. Recuerdo que vi varias veces la entrevista que le concedió Alish, en un momento donde hacia poco que la periodista catalana había popularizado a la doctora y monja benedictina Teresa Forcadas en el famoso vídeo que denunciaba la "oscura" campaña que había tras la gripe aviar. Desde aquí, mi admiración con estas dos grandes personas.

Con Máximo Sandín.
Con Máximo Sandín en la fira Alimentació i Salut de Balaguer (Lérida). Foto tomada el 2 de diciembre de 2018.

Lo cierto es que, por aquel entonces, me encontraba sumergido en mi antiguo blog La Ciencia Perdida, y en escribir, lo que consideraba debían ser los artículos claves para entender el cambio de paradigma que supone la ciencia proscrita, artículos de referencia y de futuro: Rompiendo la segunda ley, Transmutaciones nucleares, las nueve entradas sobre Wilhelm Reich, y los históricos artículos de Borrás Gabarró sobre el silicio, el ORMUs y el hidrógeno. Poco después me compré el visionario Lamarck y los mensajeros, el divulgativo Darwin, el sapo y la charca, y sobre todo, el combativo Pensando la evolución, pensando la vida, que fueron, sobre todo este último, una auténtica bofetada a todo lo poco que creía saber sobre biología hasta ese momento.


La obra de Máximo junto a la obra del doctor Hamer, que por aquel entonces estaba empezando a conocer gracias a varios grupos y a doctores como el difunto Fermin Moriano, la obra del bioquímico Rupert Sheldrake y su morfogénesis, y la agricultura regenerativa de Jairo Restrepo, cambiaron de manera irreversible, toda mi forma de pensar acerca de aquello que llamamos vida, el punto de no retorno (al viejo y falso paradigma imperante) que provoca la ciencia proscrita, subyacente a su lógica y a su intrínseca belleza. En palabras entendedoras: le dieron un sentido a aquello que la ciencia debería de entender por vida, y en la que la materialista biología mecanicista estaba a las antípodas.

Presentación de Magna Ciencia en la librería El Olor de la Lluvia. Foto tomada en Madrid un 12 de octubre de 2018. En la foto, mi coeditor Abraham Navarro.

Cuando uno encuentra sentido en lo que hace después de décadas de explicaciones superficiales y absurdas, siente una sensación especial, muy difícil de explicar con palabras, parecida a aquel que recibe un vaso de agua después de cruzar el desierto al borde de la muerte. No era por aquel entonces una muerte física, pero sí, espiritual. En la obra de Máximo encontré algo que iba más allá de un mero referente, ya que en ella, se desmitificaba completamente al academicismo con un discurso, irónicamente, plenamente académico y lógico. Lo que siempre había intuido de la física, tenía ahora su alter ego en la biología: eran dos ciencias capadas para evitar que comprendiéramos los insondables misterios del universo.


A partir de ese momento, tuve claro que si algún día el blog daba el salto al papel, sin duda mi editorial iba a ser la murciana Cauac.


Y el tiempo me ha dado la razón. En los recientes tiempos, Cauac se va poco a poco creando y abriendo paso como una editorial de referencia, donde podemos ver títulos maravillosos como Tratado de Agricultura Natural, Mitología Salvaje o La democracia se muere, !que viva la sociocracia!. Y en este 2021, Cauac va a lanzar varias joyas, como la reedición del clásico La represión del deseo materno o la traducción de Sangre Holográfica del doctor Harvey Bigelsen entre otros tantos títulos que prefiero no adelantar. Ha sido un trabajo paciente que está dando unos maravillosos frutos en forma de grandes críticas y una comunidad de personas que vibramos en sintonía con la verdad.

El autor junto a Joaquin Regadera, Luis Gil (maquetador e ilustrador) y mi editor Jon Ortega Rodrigáñez. Foto tomada en Murcia, junio de 2017.

Vaticiné que Cauac sería una familia, y no solo lo es, sino que es un faro en medio de este mundo dominado por el supremacismo de la ciencia materialista. Estamos haciendo historia, y en los próximos años, cuando en este mundo por fin domine la razón y la justicia, Cauac será recordada como la editorial que supo ir a contracorriente, y iluminar los grandes dogmas que dominan el mundo moderno.


En la próxima entrada hablaré de las sinergias que está estableciando Cauac, que directa o indirectamente, están relacionados con la obra Magna Ciencia.







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