• Artur Sala

Hacer el bien y, sobre todo... callar.

Queridos seguidores de Magna Ciencia.


En estos días que esperamos pacientemente la salida del segundo libro, se hace difícil no separar nuestra mente de la dura situación que, como humanidad, estamos pasando.

Poco antes de Semana Santa, saqué a pasear a mi perra cerca de donde resido, y mi mente estaba en ese momento puesta precisamente en las muchas personas, amigos y conocidos que estan pasando momentos complicados por las razones que todos conocemos. De pronto, oí una voz de fondo:

Disculpe, usted es Artur Sala verdad?

Inmediatamente, sentí una sensación muy agrable, de plena resonancia, que teniendo en cuenta la semana que llevaba, en cierto modo necesitaba. Frente a mi, un señor mayor, jubilado, llevaba la mascarilla ligeramente bajada, de forma que pude vislumbrar una mirada y una sonrisa llena de paz. De inmediato, supe que con ese señor, había una conexión especial.

Mire es que mi hija que casualmente ahora está por aquí (reside en el extranjero), y me regaló su libro.

El señor, lo vamos a llamar M, había tenido un largo recorrido en el mundo de las finanzas, trabajando casi siempre para un importante banco, donde había conocido y tenido contacto con personas de las muy altas esferas. Era una persona esencialmente discreta, sin perfil, sin nada.

Mi perra no es precisamente tranquila y yo tenía prisa, así que sin tener que expresarlo, se creó la necesidad inconsciente de decirnos lo esencial, para de esta forma, reconocer que estamos antes dos personas hermandadas en una misma misión de vida. El briefing en cuestión, que no duró más de los esenciales y necesarios 5 minutos, se cerró con:

Hemos venido a sembrar consciencia.

Entonces, no había duda alguna.


Le invité a tomar café junto en mi casa al dia siguiente, y mi pareja de vida, armonizó la velada hablando con su hija y jugando con la preciosa nieta del señor M. Sobra decir, que los tres seres irradiaban la misma pureza en su mirada, la misma paz. Al final de esta, el señor M me dijo otra frase que, una vez más, ratificaba que hay “angeles en nuestras vidas”.

A nosotros nos toca hacer el bien y, sobre todo... callar.

Definitivamente, este es tiempo de silencio.


Sant Just Desvern, 1 de julio de 2021.

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